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#EsTendencia Productividad y teletrabajo: ¿la era de la vigilancia?

El teletrabajo ha cambiado las «reglas del juego». Y lo que más asusta a los managers: no saber cómo medir la productividad de sus trabajadores. Porque una cosa es afirmar que lo importante es la «orientación a resultados» o «trabajar por proyectos» y otra muy diferente que en realidad, hay un trabajo cuyos resultados no se ven de forma inmediata, pero que de alguna forma «necesitan justificar».

Esto es probablemente lo que explica que se haya disparado el uso de «software de vigilancia», programas capaces de medir casi en tiempo real, cuánto tiempo pasa el trabajador frente a la pantalla de su ordenador y qué es lo que está haciendo en realidad. De hecho, un estudio elaborado recientemente por TopVPN, aseguraba en este sentido que la demanda de este tipo de software se había incrementado en un 65% con respecto a 2019.

Y es un fenómeno que va a más. Esta semana sin ir más lejos, una compañía americana de telemarketing ha sido condenada por despedir a un empleado en Holanda, que se negó a mantener su webcam encendida durante las nueve horas de su jornada laboral. El tribunal consideró que «las instrucciones de mantener la webcam encendida, entran en conflicto con el respeto a la intimidad de los trabajadores».

Y sí, podemos pensar que son casos extremos. Al final y al cabo de momento la mayor parte de las compañías no recurren a software de vigilancia. Pero es que, como veremos a continuación, en realidad tampoco necesitan hacerlo. Sin anunciarlo como «características destacadas», una buena parte de las aplicaciones que más se utilizan en las empresas, ya ponen en manos de los managers casi todo lo que necesitan para grosso modo entender la forma en la que trabajan sus empleados.

¿Microsoft Office te vigila?

Suites como Microsoft 365 o Google Suite, cuentan con herramientas que permiten medir el número de correos que ha enviado un trabajador, cuántos archivos han almacenado y compartido en OneDrive o Google Drive, en cuántas videoconferencias ha participado o de qué reuniones ha formado parte.

En las cuentas de pago de Slack, los administradores pueden comprobar cuántos días han permanecido activos los usuarios en la plataforma, o cuántos mensajes se han enviado durante un periodo de tiempo determinado. Zoom facilita a las empresas comprobar en cuántas reuniones han estado presentes sus empleados, durante cuánto tiempo e incluso, si los usuarios han activado la cámara y el micrófono durante las mismas.

En entornos híbridos, en los que los empleados combinan el teletrabajo con cierta presencialidad, se está poniendo «de moda» el uso de códigos QR para por ejemplo registrar el uso de una sala de reuniones o incluso acceder a la oficina. Cabe preguntarse por supuesto si conocer estos datos tiene alguna utilidad real, teniendo en cuenta que lo que se analiza es la cantidad y no la calidad o más importante aún, la relevancia.

Por supuesto, el discurso de Google o Microsoft es otro. Aseguran que estos datos permiten detectar patrones de trabajo sobre los que llegar a conclusiones con el objetivo de mejorar el bienestar de los empleados. Por ejemplo, una gráfica podría mostrar que un número importante de empleados se ve obligado a asistir a reuniones de trabajo fuera de su horario laboral o en fines de semana, lo que podría indicar un patrón de que algo en la oficina no está marchando como debería. Otra, que en supuestos proyectos de colaboración, apenas se están compartiendo documentos, lo que podría indicar que tal vez hay un problema en la base misma de ese proyecto.

En su sección de preguntas frecuentes, Microsoft asegura que utilizar esta tecnología para supervisar a los empleados es contraproducente por ese problema de relevancia al que nos referíamos antes y puede provocar que algunos managers entren en lo que denominan «paranoia de la productividad». Slack en su guía de uso indica de forma similar que los datos analíticos que ofrece «deben utilizarse para entender el uso de Slack por parte de todo el equipo, no para evaluar el rendimiento de un individuo».

Como recuerdan los expertos, medir la productividad va mucho más allá del número de correos que se envían a lo largo del día ya que tiene un fuerte componente de «intangibilidad» que incluye desde las sesiones de brainstorming que se pueden tener con un equipo, al trabajo en «solitario» que no se plasma en un documento inmediato y cuyos resultados solo van a percibirse a medio plazo. Se puede ser productivo cuando se tiene un «momento eureka» en mitad de una ducha y no serlo en absoluto, cuando pasamos una hora frente a la pantalla del ordenador repasando una y otra vez los mismos e-mails.

En última instancia, no es posible desarrollar una política sana de teletrabajo si no se ha desarrollado previamente una relación de confianza entre los manager y las personas que van a trabajar a distancia. ¿Debemos por lo tanto «renunciar» a medir si un equipo es productivo? En absoluto. Pero instalar software espía en los equipos o tomar como criterio de productividad el número de videoconferencias de Microsoft Teams en las que una persona ha participado, no parece que sea la mejor forma de hacerlo.


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